Domesticando al público

La tarde era soleada pero fría, el típico frío de Mazatlán en un día de asueto que ronda entre los 18 y 19 grados centígrados. Las calles estaban solas como un domingo por la tarde, sin embargo, era un lunes; el sol golpeaba de lleno al Polideportivo de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y a pesar de que eran las cinco de la tarde, se encontraban muy pocas personas entrando al lugar donde estaba instalada la Feria del Libro de Mazatlán.

Había libros por todas partes del polideportivo, pero ni un visitante caminando por los pasillos de los estantes. Al fondo, se encontraba un portón abierto; era la salida al pabellón infantil que estaba al aire libre, una carpa blanca para cubrir el sol y más de 50 sillas ocupadas por adultos y pequeños. 

“Esta es tercera llamada ¡comenzamos!” Una voz masculina dio el toque de inicio para que un hombre con un avioncito de cartón apareciera sobrevolando en el escenario. Se trataba de Christian Amezcua, que interpretaba al famoso personaje de Saint-Exupéry: El piloto. 

La historia comenzó ahí, cuando apareció un títere dándole vida al Principito, manipulado por Mayra Amezcua. La imaginación del público se echó a volar al instante y en cuanto el muñeco comenzó su diálogo, todos dejaron escapar una sonrisa.

¿Quién no ha escuchado hablar de El Principito? Grandes y chicos se reían del protagonista al encontrarse con los otros personajes (todos los muñecos manipulados por Amezcua) en su intento por conocer mejor al planeta Tierra.
“¡Me quemé la colita!” Soltó el Principito después de sentarse encima de uno de los volcanes de su planeta, el público en general se rio a carcajadas. Eran diálogos modificados, muy amigables para los presentes. 

El sol descendiente continuaba golpeando las espaldas del público, la carpa no era suficiente pero el clima era bueno y la adaptación bastante entretenida. Cinco niños se movieron de sus lugares y recargaron sus codos sobre el escenario para ver la interpretación más de cerca. 

Los actores lograron captar la atención de público con el teatro guiñol y abstraerlos de su atmósfera para aprender a domesticar junto al Principito al cordero, el zorro, la flor y la serpiente.

El espectáculo, titulado Domesticando a El Principito, terminó y el público dio un fuerte aplauso, el sol ya había bajado y comenzaba a oscurecer. Los niños junto a sus padres, regresaron al interior del polideportivo para ver libros mientras que algunos otros se fueron a las salas de lectura frente a la carpa escénica. 

Por Lourdes Avilés

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